“Después de 14 años parece que nada ha cambiado” Vanessa Pérez

Vanessa es fundadora de Stereococo, una organización independiente que brinda servicios de Producción Audiovisual y eventos, Asesorías y Booking de artistas y ha tenido la oportunidad de realizar más de 25 eventos musicales y académicos. Su opinión es muy tenida en cuenta y se la pedimos con respecto a la escena cultural, específicamente el cine y la música de su ciudad.

Vanessa Perez Uribe
Vanessa Pérez Uribe. Productora de Audiovisuales y Eventos y Emprendedora Cultural. Foto Efraín Pérez Uribe
Revista Voceros Edición Digital

Estudié Producción de Radio y Televisión porque era económico. Mi primer amor fue la radio pero cuando visité por primera vez una emisora nacional, solo vi hombres que me miraban las nalgas. Yo tenía 16 años y estaba en primer semestre. Es de suponer que ni siquiera consideré la televisión. Lo que realmente quería estudiar era Negocios y Finanzas Internacionales pero no tuve los casi 3 millones de pesos que costaba el semestre.

Me olvidé de las finanzas y me enamoré del arte y su efecto en nosotros y sobretodo del audiovisual.

Mi primer trabajo fue como Asistente de Producción en un vídeo musical de un artista colombiano. Quién era mi superior en esta labor, nunca nos pagó los $45.000 pesos que había prometido por cada uno de los dos días de trabajo de 20 horas cada uno.

Desde entonces, mi hoja de vida habla por mi experiencia. Aunque la podríamos resumir como un de todito: ahí hay de todo y pregunte por lo que no vea.

Ahora, luego de estos 13 años, recibí una propuesta que decidí compartir unos meses después en una publicación de Facebook:

Los colegas reaccionaron con indignación y comenzaron a comentar o compartir la publicación. Hubo más reacciones de las esperadas y entendí que realmente nadie habla de estos temas, lo cual inevitablemente ayuda a la perpetuación de estas prácticas.

En el momento de la propuesta respondí, respetuosamente, con la siguiente explicación:

$100,000 pesos y el almuerzo por una jornada que puede durar hasta 18 horas de trabajo, lo cual quiere decir que debo gastar el transporte ida y vuelta, debo gastar unos $20.000 en taxis fijo desde donde vivo hasta el Hilton que es su base. Por supuesto debo desayunar y cenar: en promedio serían otros $20.000 pesos. Si quiero hidratarme en una jornada tan larga, podrían ser unos $15.000 pesos más. Esto quiere decir que gastaría unos $55.000 de lo que ustedes pagan por día, lo que me deja una ganancia real de $45.000 por jornada de trabajo, incluido lo bilingue. 

Evidentemente no es ni justo ni coherente con la producción que hacen. La experiencia en la grabación seguro será invaluable, pero me cuesta aceptar estas condiciones de trabajo cuando he tenido contratos por $300 dólares la jornada de trabajo incluso más corta, con producciones internacionales y de menor tamaño. 

Podría pensarlo, porque la necesidad apremia, si tuviéramos un transporte de disponibilidad permanente para el equipo de asistentes locales que van a contratar y por lo menos el desayuno, almuerzo y refrigerios. 

El Hilton está en el extremo de la ciudad donde menos cartageneros viven y está por lo menos a 20 minutos de distancia y además no llega todo el transporte. 

Si esta posibilidad existe podría pensar en participar, de lo contrario no acepto la propuesta. De todas formas gracias por la oportunidad.

Este tipo de propuestas indecentes son bastante comunes y conocidas por el gremio en la ciudad, realizadas desde un pensamiento centralista que nos gobierna desde que nacimos como territorio.

La mano de obra y el talento local nunca llegan a los estándares de calidad que solicitan los proyectos visitantes, reduciéndonos a labores de logística, guía turístico o aguantar sol y sudor.

Lo anterior mezclado con un cóctel de prejuicios históricos desde nosotros y hacia nosotros, donde se podría percibir casi que un desprecio por la cartageneidad. La ausencia de políticas públicas creadas desde las necesidades y herramientas de nuestro territorio, el trabajo silencioso del Consejo Cinematográfico de Cartagena de Indias cual fantasma en casa colonial y su inoperancia. El poco interés del cartagenero por su propia producción cultural y artística y la avasalladora desconfianza en la psiquis colectiva de una ciudad que ha sido eternamente saqueada y abusada bajo la mirada enamorada del mundo. Además, no se dice nada al respecto.

Esta desvalorización del aporte local artístico y profesional, se da en el campo audiovisual, en la música, en el show bussines, en los festivales, en las artes escénicas, en el turismo, sea de índole privada o independiente.

Hace tres años creé una iniciativa que se llama Stereococo. Desde entonces, la brújula siempre ha apuntado hacia el aporte de las herramientas y los conocimientos necesarios para que los talentos musicales y artísticos de la ciudad puedan visibilizarse de mejor forma a través de los medios digitales y redes sociales, creando así sus públicos y posibles nuevas experiencias de negocio: EPK´s, videos musicales, FanPages, portafolios, entre otras cosas.

La estrategia era hacer eventos con los artistas locales a precios asequibles y generar los recursos necesarios para crear sus contenidos audiovisuales.

El problema es que en Cartagena no puede decirse que hay un público independiente que consuma nuevas músicas o artes locales, son muy pocos aún y, realmente, muchas iniciativas culturales y artísticas terminan siendo pensadas para el público flotante que sostiene a la ciudad: el turista.

Por lo dicho, la labor termina siendo esporádica y de bajo impacto, desgastante económica y administrativamente a pesar de ser una cocina cultural y artística exquisita.

Muchas iniciativas culturales y artísticas terminan siendo pensadas para el público flotante que sostiene a la ciudad: el turista.

Tienen que producirse cambios sustanciales en las condiciones de trabajo de los cartageneros en producciones artísticas y eventos en la ciudad.

Tiene que generarse algún tipo de organización independiente que regule y vigile estos espacios de contratación del talento local y el uso de los espacios de la ciudad. También algún tipo de reglamentación que le asegure un beneficio a la ciudad por el uso de su imagen en proyectos de pequeña y gran escala.

En medio de esto, a veces siento aires de cambio cuando veo el alto interés por nuestras raíces desde la música, las artes escénicas y el audiovisual. Ese viaje de regreso a lo ancestral, desde cualquier disciplina artística, sólo puede estar lleno de cosas positivas, de autoreconocimiento.

Ese viaje enseña que no hay equivalente económico suficiente para los valores culturales y artísticos de un territorio. A su vez crea sentido de pertenencia sobre quién se es como ser humano, profesional y artista y se respeta el aporte humano, profesional y artístico del otro y sus experimentaciones o nuevas creaciones.

Es ahí cuando resulta más práctico pensar y actuar en equipo, valorando nuestra diversidad.

Así se crece como sociedad pluricultural y de paso se superan prejuicios, así se desestabiliza el status-quo.

Ya decía Manuel Zapata Olivella que Cartagena de Indias es la máxima universal y quizá solo lo hemos olvidado.